Desocupación no cúbica del espacio

Desocupacion no cubica del espacio red

  Dimensiones: 39,1 x 55,5 x 46,6 cm

  Técnica: Acero

Comentario:

Oteiza, está considerado por toda la crítica mundial como uno de los más grandes escultores de su siglo. Su obra Desocupación no cúbica del espacio es un magnífico ejemplo y una prueba patente de esta afirmación. Es una de las últimas esculturas realizadas antes de su retirada en 1959, hecho que el mismo escultor explicó: "Mi escultura terminó en 1958-59. De haber perseguido las finalidades habituales de la belleza, expresión, comunicación, denuncia, testimonio, yo hubiera continuado con mi escultura como los demás. Al terminar y analizar el proceso de mi escultura, me di cuenta de que mi objetivo fundamental había sido dominar mi inseguridad personal, mis miedos, mis limitaciones, por una serie de pactos de imagen con el exterior, al que he definido como totemismo estético. Me ha parecido comprender que el hombre en los momentos de mayor desamparo, ha procedido así, que nuestro artista prehistórico, el arte de nuestros santuarios, es de esta naturaleza, es un arte de protección, de formación del hombre… capaz de neutralizar la agresividad de expresión y cinetismos del mundo exterior y de controlar y dominar audiovisualmente el espectáculo espacial. El resultante de este arte es el hombre en conocimiento estético, seguridad y dominio exterior"1. Es por tanto la culminación de un trabajo realizado durante varias décadas que constituyen una de las propuestas esculturas más importantes del siglo.

La producción escultórica de Oteiza, no obstante su fama, es la gran desconocida, o mejor dicho, la gran incomprendida. Desocupación no cúbica del espacio no se mueve en los parámetros de tamaño, monumentalidad, equilibrio, estilización, majestuosidad y elegancia que maneja la escultura del siglo XX. Es una obra de pequeña escala, recogida, mental, que no busca la espectacularidad ni la belleza formal al uso, sino la reflexión.

El espacio, tal como declara el título de la presenta obra, es el verdadero protagonista de la escultura de Oteiza. Crea dentro de su estructura un lugar para un vacío que normalmente no somos capaces de apreciar. Trabaja sobre un espacio atemporal que aísla del movimiento de la vida y la naturaleza mediante sus esculturas y le confiere un sentido metafísico en el que desaparece la expresión y el ruido. Con sus formas busca activar un espacio, pero al mismo tiempo busca su quietud- al aislarlo-. Consigue el silencio – de hecho se le ha llamado el maestro del silencio,- que permite comprender su verdadera dimensión. Es un artista que se mueve con los ideales eternos del arte, los más clásicos, indagando los valores verdaderos de la naturaleza, aquellos que no son víctima del efecto o la expresión momentánea. Su visión del arte no es sólo una aventura estética en la que un artista se divierte jugando con las formas, sino que es mucho más trascendente, unida a los valores que quiere trasmitir: "Religión, Metafísica y Estética, son técnicamente tres ciencias distintas, pero constituyen una sola disciplina, la de las relaciones del hombre con Dios. Un común anhelo de salvación las conjuga en el corazón del hombre"2. Ve en el espacio uno de esos valores en los que se conjugan estas ideas, usa todos los recursos disponibles para que sea percibido.

 

1Miguel Pelay Orozco, “Oteiza. Su vida, su obra, su pensamiento, su palabra”, Bilbao, Editorial La Gran Enciclopedia Vasca, 1978, pág. 39.

 

2Jorge Oteiza, “Interpretación estética de la estatuaria megalítica americana”. Madrid, 1952, p. 151; Cita recogida por Pedro Manterola, “Propósito experimental”, en IV Bienal del Museo de Arte Moderno. 1957, Sao Paulo, Brasil  (Catálogo exposición), Alzula, Museo Fundación Jorge Oteiza, 2007, p. 126