El drago

Oscar Domínguez. El drago

Oscar Domínguez. El drago

  Dimensiones: 82.5 x 61.5 cm

  Técnica: Óleo sobre lienzo

Comentario:

Domínguez presenta en esta ocasión una de sus obras más emblemáticas titulada El Drago. Fechada en el mismo año que El piano, muestra las mismas influencias surrealistas que destacamos en la obra anterior: el paisaje simbólico de corte daliniano y el tratamiento de los objetos y figuras. En este cuadro, además del piano nos encontramos el drago que le da título. Este árbol es uno de los símbolos de Canarias a las que Domínguez hace homenaje en diversas obras: Recuerdo de mi isla, Roma, Retrato de la pianista Roma, Dibujo para Gaceta de Arte o la decalcomanía titulada homónimamente. En varias de estas obras el drago aparece ligado a la figura del piano y de la mujer. Aquí hallamos cómo la parte inferior de un cuerpo femenino, situado bajo el piano en actitud explícitamente sexual, se funde con las raíces del árbol. Sobre el drago se posa oníricamente un león, una de las figuras surrealistas más recurrentes. En la mitología griega, en el Jardín de las Hespérides -que muchos autores sitúan en las islas Canarias- crecían manzanas de oro de los árboles, jardín que estaba protegido por Ladón, un fiero dragón de 100 cabezas por las que escupía fuego y al que los antiguos griegos asociaron con el Teide en erupción. Las ramas del árbol podrían ser asociadas a las cabezas del dragón que además, según la mitología, cuando éste fallecía se convertía en un árbol dando origen a la leyenda del drago. Breton, en su viaje a Canarias en 1935, lo denominó , relacionándolo con los términos de mágico y ancestral que tanto interesaban a los surrealistas. No en vano, Breton denomina a Domínguez en su Diccionario Surrealista como Le dragonnier, quedando el artista identificado para siempre a este árbol. Este cuadro es una de las obras del artista canario más representativas y relevantes dentro de su producción. En ella se descubren varios de sus rasgos más identificativos, como son el carácter surrealista de la composición así como los elementos que la conforman, pues siendo éstos de carácter onírico, son símbolos igualmente del propio pintor como de su mundo más cercano