Escena popular gallega y Caricatura de torero y cura

Escena popular gallega y Caricatura de torero y cura

© Sucesión Pablo Picasso. VEGAP, Madrid, 2015.

  Dimensiones: 13,5 x 21 (doble cara)

  Técnica: Tinta s/ papel

Comentario:

Este dibujo fue realizado en 1895, último año de la estancia de Picasso y su familia en A Coruña. Se trata de un ejercicio de los muchos que debían realizar los estudiantes de Bellas Artes. En este ejemplo, se hace evidente la influencia de su profesor Isidoro Brocos, claro representante de la pintura y escultura costumbrista decimonónica. La escena representa una romería gallega y, como estudio tomado del natural, está llena de la frescura y dinamismo, propios de un apunte de rápida ejecución. Dentro de ese carácter descriptivo, que la obra posee, se aprecia ya la capacidad de síntesis del joven artista, que mediante unas simples lineas es capaz de definir el espacio y dotar a la escena de profundidad, capacidad que desarrollará en obras inmediatamente posteriores. Este esquematismo es llevado también a las figuras, sobre todo a las del segundo término, representadas con apenas unos trazos con los que consigue, no sólo plasmar las formas, los gestos o los ropajes de los personajes, sino que además logra transmitir la sensación de movimiento, todo ello mediante una ejecución ágil, y un trazo caligráfico y firme. 

    Al dorso, realiza dos caricaturas en tono jocoso y satírico, que más que un ejercicio de práctica, parece ser un juego infantil de enredo y diversión, surgido de su afán por aprovechar el papel. Es por este motivo que la ejecución del dibujo es más libre y un tanto torpe, lejos de las formas establecidas por la Academia. Presenta una figura de un torero, temática taurina, que será una constante en su obra y un cura. Ambas caricaturas, están realizadas de forma peculiar, ya que tanto los ojos del torero como los del cura, están formados por inscripciones numéricas. El primero presenta en su rostro el número 88, que según Palau pertenece a la matrícula que Picasso poseía el primer año en la Escuela de Bellas Artes, y en el otro aparece el 77. Esta forma tan ingeniosa de representar la figura, le venía de muy pequeño, ya que, según nos cuenta su biógrafo y secretario, Sabartés, "ya desde los días de escolar Pablo Picasso realizaba figuras a partir de números en un proceso inverso al de la abstracción". Este dibujo es pues una prematura muestra de la creatividad y el ingenio de Picasso, cargado de un incipiente sarcasmo, ironía y mordacidad que estarán siempre presentes a lo largo de toda su obra. Asimismo, en este reverso, podemos comprobar cómo se trata de un papel reaprovechado donde, además de los números que salpican esta cara, vemos el sello del padre del artista, don José Ruiz Blasco.