Retablo marino

Retablo marino

  Dimensiones: 67x79

  Técnica: Óleo sobre tabla

Comentario:


    El políptico que conforma el Retablo Marino compuesto por seis piezas -tres paneles y sus respectivas predelas-, es uno de los mejores compendios de la iconografía de Lugrís, por tratarse de un homenaje a su gran pasión: el mar. Para este artista, el medio marino es el centro de sus ensoñaciones, y el espacio perfecto para la recreación de sus mundos mágicos inventados. En este retablo, el pintor trata de captar seis aspectos diferentes del mar,  pero siempre desde una perspectiva subjetiva. Así, en las predelas, nos presenta el mar de los abismos y especies fascinantes, el que alberga los restos cadavéricos de las naves naufragadas, o incluso las ruinas de templos históricos. Pero también es el mar de la mitología, de las trágicas historias literarias, y de los deseos y sueños más antiguos de los hombres. Aspectos que presenta en los paneles. El primero, aborda la relación del hombre con el mar desde la representación de un pasaje mitológico. No se trata de una historia codificada, sino que, a partir de figuras marinas procedentes de la mitología: la sirena y el tritón.  La segunda escena, es un nocturno en el que, desde un ruinoso campanario, nos ofrece la visión de una ciudad peninsular -tal vez una Coruña imaginaria- que se asoma ante el mar. La nocturnidad, la presencia de las ruinas y la creación de un paisaje pintoresco, remiten al componente romántico que tan a menudo aparece en las obrasd de este artista. El tercer panel, presenta uno de los temas más recurrentes de la literatura, y uno de los favoritos de Lugrís: el templo sumergido, inspirado en el mito de la Atlántida.  Como si de un paisaje romántico se tratase, el pintor sitúa la arquitectura en lo alto de un promontorio submarino. La vegetación es sustituida por la flora marina, mientras que el único signo de vida se encuentra en la presencia de fascinantes animales subacuáticos, como la medusa. Se trata de un mundo donde el tiempo se ha detenido, donde el sosiego intemporal transmite una sensación de paz que en realidad remite a un refugio interior donde recogerse en los momentos de soledad. El color, en gamas frías dominadas por los azules, y aplicadas en campos planos mediante una pincelada minuciosa, los motivos marinos, la presencia de lo pintoresco en convivencia pacífica con los mitológico, los mundos interiores y, sobre todo, el protagonismo del mar, convierten a esta obra en un decálogo de la pintura de Urbano Lugrís.