Manuel Patinha

Povoa de Santa Iria, 1949

Nació en el pueblo portugués de Póvoa de Santa Iria, donde empezó a pintar de manera autodidacta. Allí realizó su primera exposición con 17 años. Una de la exposiciones más importantes para Patinha fue la llevada a cabo en Estoril en 1982 junto con Cruzeiro Seixas, el gran artista surrealista portugués, que le influyó notablemente y con el que realizó multitud de «cadáveres exquisitos».
Después de estudiar en la Escuela Industrial de Vila Franca de Xira, ingresó como voluntario en la Marina de Guerra, lo que le permitió viajar por Europa, Canadá, Estados Unidos, África y Brasil. En Suráfrica sufrió un grave accidente que precipitó su vuelta a Madrid, donde realizó una extensa colección de acuarelas titulada «La vida sexual de las plantas». En la capital española entró en contacto con algunos artistas destacados como Eugenio Granell o Francisco Aranda.

Finalmente, se asentó en la comarca de Ferrolterra, primero en Ferrol y desde 1988 en el municipio de Narón, junto a sus amigos Álvaro y Divina. Allí construyó una nave que emplea como estudio, y que le permitió la realización de obras de gran envergadura, precipitando, a principios de los años noventa, su comienzo en la escultura. Es una época de gran estabilidad vital y en la que se sensibiliza con el mundo rural en el que vive.
Sus primeras obras escultóricas emanan rasgos de un cierto mundo irreal del que pervive un carácter biomorfista en sus sujetos tridimensionales. Las propuestas de Patinha están envueltas de un cierto halo de intimismo –a veces con una carta de naturaleza monumentalizada– que se deglute y reinterpreta en metáforas, en objetos protagonistas de su propia fábula y su historia, como “médiums” del constante reencuentro consigo mismo. En 1995 ganó el Premio BMW de Escultura de Vila Nova da Cerveira, en una muestra más de reconocimiento hacia su trayectoria artística.