El Tamborilero

Antonio de Puga, s. XVIII

El tamborilero se representa en una actitud cotidiana, tocando su tambor con un gesto ensimismado, logrando el artista captar la psicología del personaje. El chambergo vistoso y el sombrero de plumas, más allá de ennoblecer al personaje enfatiza más si cabe su carácter popular, algo muy típico también de Velázquez.

  • Antonio de Puga
  • s. XVIII
  • Pintura
  • Óleo sobre lienzo
  • 206
  • 85 x 62 cm
  • Colección de Arte ABANCA

Pocos son los datos que se poseen acerca de la vida y obra de Antonio de Puga, pero sí sabemos que en su corta trayectoria artística fue pintor de la Corte de Felipe IV. Aunque su aportación en la decoración del Salón de Reinos del Buen Retiro, es mínima, si nos puede ayudar a entender la influencia velazqueña que se aprecia en sus obras, sobre todo en sus cuadros de costumbres. Es muy posible que al participar en estos trabajos, entrase en contacto con la obra de Velázquez, aunque también es cierto que Puga tenía relación directa con el yerno del pintor y fiel seguidor de su escuela, Juan Bautista Martínez del Mazo, del que más probablemente haya tomado estas influencias.


En este cuadro, El Tamborilero, apreciamos además pequeños destellos del arte italiano y holandés de la época, que muy probablemente llegaron a Puga también a través de la obra de Velázquez. En esta obra, Puga al igual que Velázquez, se decanta por el retrato de personajes populares, captados fielmente, tal y como son, con sus defectos y virtudes. Incluso los tipos se acercan a los de Velázquez, ya que es reconocible la semejanza entre el tamborilero y y uno de los personajes que componen la obra de los Bebedores. Es posible que para concebir este cuadro, Puga se fijase en la etapa tenebrista de Velázquez, ya que la obra se encuentra envuelta en una acentuada oscuridad. Las tonalidades de blanco resaltan al personaje del fondo, sugiriendo un dibujo inexistente que le otorga volumen y estabilidad.

El tamborilero se representa en una actitud cotidiana, tocando su tambor con un gesto ensimismado, logrando el artista captar la psicología del personaje. El chambergo vistoso y el sombrero de plumas, más allá de ennoblecer al personaje enfatiza más si cabe su carácter popular, algo muy típico también de Velázquez. Puga coloca al personaje en un primer plano, resaltado de un fondo totalmente oscuro que no pretende crear espacio alguno. Predominan los tonos pardos y verdosos que acentúan el tenebrismo. Esta obra podría considerarse como un cuadro de costumbres y se encontraría dentro de la línea de El Afilador y El Aceitero, obras que también se le atribuyen a Antonio de Puga.