O enterro da marioneta

Laxeiro se encontraba a sí mismo en las creaciones protagonizadas por los guiñoles y marionetas, que lo retrotraían hasta su niñez en Galicia , cuando asistía a las funciones de Monicreques de Barriga Verde.  A través de estos personajes de tradición medieval,  Laxeiro aporta su mirada crítica para explicar la vida, utilizándolos como un modo de expresión libre, por no remitirse a tipos reales.  Las marionetas, funcionan como intérpretes de la comedia humana.

  • Laxeiro (Xosé Otero Abeledo)
  • 1965
  • Pintura
  • Óleo sobre lienzo
  • 487
  • 150 x 200 cm
  • Colección de Arte ABANCA

Obra realizada durante su estancia en Argentina, en el periodo comprendido entre 1951 y 1970. En esos años, además de investigar y adentrarse en lenguajes no figurativos, también siguió cultivando las obras que le habían dado a conocer. Laxeiro se encontraba a sí mismo en las creaciones protagonizadas por los guiñoles y marionetas, que lo retrotraían hasta su niñez en Galicia , cuando asistía a las funciones de Monicreques de Barriga Verde.  A través de estos personajes de tradición medieval,  Laxeiro aporta su mirada crítica para explicar la vida, utilizándolos como un modo de expresión libre, por no remitirse a tipos reales.  Las marionetas, funcionan como intérpretes de la comedia humana. 

    Estas figuras, son tratadas mediante el lenguaje creado por Laxeiro y la tradición escultórica románica, tan arraigada en la arquitectura religiosa de Galicia. El resultado es la llamada "Estética Granítica". Técnicamente las siluetas se marcan con el grueso trazo negro característico, delimitando los motivos de forma rápida. La siluetas toman vida a través del color que, como es habitual en las obras de este artista, nunca es puro sino que se contamina con manchas de otros tonos. Laxeiro, abogaba por un arte nacido de la imaginación del artista, en contra del discurso académico. Esto le lleva a optar por una pintura de mancha, gesto, dentro de una composición salvaje y tenebrosa. El gesto, en Laxeiro, es profundamente expresionista, resultando una pintura espontánea, subjetiva, física y matérica. Compositivamente, mientras el primer plano recoge la escena de mascarada del título, la parte superior de la obra se reserva a la fantasía y la ensoñación. Las figuras representadas vuelan sobre la escena, son los personajes que más se alejan de la figuración humana,  observadores de la acción representada en el nivel inferior. Los gestos de los presentes son símbolo de la pantomima de la que somos testigos. A la derecha del cuadro, aparece el narrador de la vida del muñeco a través de un panel o cartel de ciego. Esta imagen está tomada de la figura de tradición medieval,  en la cual,  mediante viñetas, se relataba la historia que el narrador generalmente un ciego, narraba oralmente.  La figura femenina que está detrás de él, con gesto desencajado, y el personaje encapuchado de la izquierda, son figuras también tomadas de la escultura románica que podíamos encontrar en las labras de la catedral compostelana. En esta imagen, lo profano y lo religioso se unen para introducirnos en el ámbito de lo esperpéntico.