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La Colección ABANCA, declarada Bien de Interés Cultural en 2015, alberga un extraordinario patrimonio artístico y cultural que incluye pinturas, esculturas, fotografías y grabados. Espacio y Tiempo se nutre de esta rica colección para ofrecer una perspectiva única sobre la evolución de la escultura a lo largo del tiempo, desde finales del siglo XIX hasta nuestros días.
Desde los inicios del modernismo artístico y los modos regionales, representado por artistas como Isidoro Brocos y Rafael de la Torre Mirón, hasta la renovación escultórica de la posguerra con figuras esenciales como Baltasar Lobo, Eduardo Chillida y Jorge Oteiza, la muestra refleja la riqueza del panorama escultórico en el arte en España. La incorporación de nuevas perspectivas en las últimas décadas ha llevado la escultura más allá de su tradicional dimensión estática, explorando la interacción con el espacio, el uso de materiales industriales y la dimensión simbólica de la ausencia y la fragmentación.
El recorrido culmina con obras que desafían los límites convencionales de la escultura, como las piezas expresivas de Francisco Leiro, la experimentación conceptual de Susana Solano o la construcción de narrativas abiertas en la obra de Juan Muñoz y Julião Sarmento. Estas creaciones evidencian la capacidad de la escultura para generar experiencias sensoriales y emocionales, convirtiéndola en un arte en constante transformación.
El recorrido expositivo se inicia con la obra de Rafael de la Torre Mirón (Madrid, 1871 – Santiago de Compostela, 1937), un escultor que, aunque madrileño de nacimiento, desarrolló gran parte de su carrera en Galicia. La obra Tromba Marina (1935) es una pieza de estilo modernista que refleja la persistencia de esta corriente artística en las primeras décadas del siglo XX. Concebida inicialmente como un boceto para un espejo de mano representa dos figuras entrelazadas simbolizando el amor y la muerte.
En la planta primera descubrimos la obra de Isidoro Brocos (Santiago de Compostela, 1841 – A Coruña, 1914). Brocos, reconocido como uno de los mejores escultores gallegos del último tercio del siglo XIX representa la transición hacia la modernidad en la escultura gallega. Brocos también se destacó como docente (siendo maestro del joven Pablo Picasso.
La transición hacia la vanguardia se presenta en esta primera parte de la exposición con dos obras maestras de la Colección ABANCA, Profil à la fenêtre (1934) de Pablo Picasso y Tête dite ‘Le tunnel’ (ca. 1932/1933) de Julio González.
En la segunda parte del recorrido el protagonismo recae se centra en la escultura española de mediados del siglo XX. Se trata de artistas que desarrollaron su trabajo principalmente a partir de la posguerra y hasta los años setenta del pasado siglo.
Destaca la presencia de dos moldes de Baltasar Lobo, un artista fundamental que comenzó su trayectoria a finales de la década de 1920 y que jugó un papel crucial en el arte español de la posguerra desde el exilio.
Se ofrece en este espacio una visión esencial de la historia de la escultura española del siglo XX, con obras de figuras destacadas como Jorge Oteiza y Eduardo Chillida.
Esta sección de la exposición permite al visitante comprender la evolución de la escultura en España durante este período. Las obras expuestas muestran una diversidad de estilos y técnicas reflejo de la riqueza del panorama artístico español en la segunda mitad del siglo XX.
Las obras aquí presentadas trascienden el espacio de representación tradicional de la escultura, también a nivel conceptual. Los artistas desafían las convenciones de la escultura y exploran nuevas formas de expresión.
Destacamos en esta sección la obras de Francisco Leiro Recolectoras (2003), cuatro grandes figuras en madera policromada que forman una visión descriptiva e intensa del desastre del Prestige. Representa a las mujeres de la costa gallega, que se vieron obligadas a cambiar su tarea cotidiana, por la de la limpieza de las playas y del mar.
La escultura se adentra en un territorio más amplio, donde la abstracción, la expresividad y la interacción con el espectador cobran protagonismo. Así, Susana Solano con su obra Toma de tierra nº 2 (1993) realizada en hierro esmaltado, representa una forma abstracta que desafía la gravedad y la percepción del espacio.
Juan Muñoz y Julião Sarmento son dos figuras clave en el arte contemporáneo que comparten una profunda exploración sobre consideraciones relativas a la ausencia, la fragmentación y la relación del espectador con el espacio. Muñoz, con sus esculturas narrativas y enigmáticas, crea escenas que sugieren historias suspendidas en el tiempo. Sus figuras humanas, a menudo reunidas en grupos, pero aisladas en su expresión, generan una sensación de inquietud e incomunicación. Laughing chinese man with mirror (1997) es una obra característica del autor.
Por su parte, Sarmento trabaja con una estética de la fragmentación, especialmente en su exploración del deseo, la memoria y la identidad. Kiss my eyes (with chairs), 2004 nos muestra una figura femenina rígida, inmóvil, rodeada de un conjunto de catorce sillas vacías, superpuestas entre sí. Esta espectadora parece preparar o testimoniar una situación particular cargando en sí la tensión propia del momento.
En definitiva, Espacio y Tiempo no solo presenta una excepcional colección de esculturas, sino que invita a repensar su papel dentro del contexto de las artes plásticas, su relación con el espectador y su evolución en el tiempo. Así, la escultura se reafirma como un lenguaje artístico vivo, capaz de evocar historias, desafiar convenciones y transformar nuestra percepción del espacio que habitamos.