Catedral. Siglo XII

Urbano Lugrís, ca.1960

Catedral. Siglo XII representa a un peregrino caracterizado mediante los atributos de la iconografía tradicional.

  • Urbano Lugrís
  • ca.1960
  • Pintura
  • Óleo sobre tabla
  • 408
  • 128 x 90 cm
  • Colección de Arte ABANCA

Lugrís tenía un ascendente artístico en su tío Urbano González, uno de los primeros ilustradores del periódico La Voz de Galicia. Esta influencia se ve en la rigidez dibujística y el perfeccionismo de los acabados y las formas. En Catedral. Siglo XII representa a un peregrino, caracterizado mediante los atributos de la iconografía tradicional: el bastón, la calabaza y el sombrero con la vieira, distintivos del viajero a Compostela, arrodillado al pie de un árbol seco. Como fondo, y en medio de un paisaje imaginario, dibuja la fachada de la catedral, ciñéndose a las reconstrucciones del edificio románico del siglo xii. Un ángel, en la parte superior del lienzo, arropa la escena, mientras que el cielo estrellado hace referencia a la etimología romana de la ciudad, y alude a la ruta de Santiago con la representación del camino celeste de la vía láctea. Pertenece a la época de madurez del pintor, momento en que realiza importantes murales.

La metodología artística de Lugrís se fundamenta en la precisión del dibujo, realizado previamente a la concreción de la obra, y con el que retrata la infinidad de detalles que conforman las composiciones. Su confesada admiración por la pintura de Patinir y Fra Angelico se refleja en el detallismo y la concepción escénica del espacio, caracterizado por el horror vacui y la importancia concedida al color azul. 

Utiliza recursos tardovanguardistas, de un cubismo ligero, en los grandes planos y colores puros, que a su vez remiten a las técnicas propias del cartelismo. Como hará a lo largo de su trayectoria artística, el autor escapa de un acercamiento realista a los motivos representados, incluyéndolos en una dimensión metafísica. Su referente son las creencias, mitos y costumbres gallegas. En este caso, recurre a la historia, no exenta de cierta leyenda, y localiza la escena en el siglo xii, momento en que el camino de Santiago se instituye definitivamente como peregrinación santa, se construye la Catedral románica y el Maestro Mateo esculpe el pórtico de la Gloria, cuyas formas, en cierto modo, parecen evocadas en esta composición. El medievalismo de la escena va más allá del ámbito temático, trasluciendo el proceso de creación de las miniaturas y acudiendo a recursos pictóricos de ascendencia medieval, como puede ser la teatralización del espacio natural o el empleo de formas esquemáticas.