Templo sumergido

Toda la obra de Lugrís gira en torno al océano, entendido como un universo magnético, un mar de ensoñación y  tragedia, que engloba lo ilimitado y donde se unen leyenda y realidad.

  • Urbano Lugrís
  • 1946
  • Pintura
  • Óleo sobre tabla
  • 396
  • 31 x 28 cm
  • Colección de Arte ABANCA

Toda la obra de Lugrís gira en torno al océano, entendido como un universo magnético, un mar de ensoñación y  tragedia, que engloba lo ilimitado y donde se unen leyenda y realidad. El artista describe todo lo relacionado con el mar con la más perfecta forma, literaria o plástica, con pequeños detalles y sensibilidad minuciosa.  Todas sus obras están impregnadas por la nostalgia del paraíso, evocando siempre un edén marino y preciosista, como si de un jardín de las delicias se tratase. Uno de los elementos recurrentes de este mundo son los templos sumergidos de las leyendas, donde la vida marina convive con ciudades olvidadas, evocando el mito de la Atlántida. Poblados solitarios junto a fosas abisales, visitados únicamente por los habitantes del mar, espacios de cadencia silenciosa y de cierto misticismo, son los paraísos, donde nos muestra su vivencia interior. Un mundo subjetivo de sensibilidad metafísica, de sensaciones íntimas e introversión es constante en casi toda su obra.

Caracolas, rocas laberínticas, bancos de pequeños peces, medusas transparentes, erizos y suntuosas algas ayudan a construir un complejo mundo dinámico, elaborado con la estrategia compositiva de una naturaleza muerta. La línea del horizonte traza la estela de lo infinito, a través de una recta impecable, que marca el final del lienzo, definiendo ese efecto de profundidad necesario para que toda la composición quede sumergida en las aguas oceánicas, consiguiendo la sensación de transparencia total, potenciada por el centellear de los reflejos del agua. La luz que llega desde la superficie provoca una irradiación multicolor, conformando un fondo marino de colores vivos y luminosos. La precisión y la pasión por el detalle se hacen patentes a la hora de describir los elementos de la obra, como se aprecia sobre todo en la caracola y el milimetrado erizo que domina un primerísimo plano.