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Daniel Vázquez Díaz en la Colección ABANCA: Retrato de D. Salvador de Madariaga

Es probable que Daniel Vázquez Díaz (Nerva, Huelva, 1882 – Madrid, 1969) sea uno de los artistas españoles que más profunda huella ha dejado en toda la amplia nómina de artistas que lo tuvieron por maestro y guía. Su genial pedagogía se demuestra en el hecho de que nunca pretendió que sus numerosos alumnos imitasen su obra y su estilo; al contrario, lo que él hizo fue orientar, guiar y enseñar los fundamentos del oficio, respetando la pulsión y el genio individual de cada uno de sus discípulos y alumnos. Vinculados a Vázquez Díaz encontraremos nombres y artistas como José Caballero, Manuel Mampaso, Juan Manuel Díaz-Caneja, Agustín Ibarrola o Rafael Canogar, quien recordando a su maestro escribiría “Don Daniel me aceptó como discípulo -y pidió que fuese mi padre a verle-; con él pasé cinco años fundamentales, cinco años que me acercaron a su obra y a su persona (…) La pintura de mi profesor me enamoró, me deslumbró. Yo quería pintar como él y, durante un tiempo, su obra fue sometida a un profundo escrutinio, a lugar de reflexión, espejo donde asomarme.”(1)

Resulta casi imposible saber el número total de alumnos a los que Vázquez Díaz formó en su larga trayectoria. En la documentación anexa incluida en el fundamental libro de Angel Benito (2) se menciona la increíble cifra de más de cuatro mil alumnos. Desde 1933 a 1952 impartirá clases en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en la Cátedra de Pintura Decorativa y de Pintura Mural, en cuyo listado de alumnos figuran los gallegos Isaac Díaz Pardo (Curso 1941-42) y Antonio Lago Ribera (Curso 1942-43). Pero a esas clases regulares habría que añadir a todos aquellos que recibían sus clases al margen de la enseñanza en la Academia.

La figura de Vázquez Díaz, que como vemos ocupa una parte central del siglo XX, ha pasado por diversos avatares y valoraciones hasta nuestros días. Referencia de la modernidad artística en la España de los años treinta -la influencia en el primer Dalí es evidente y éste siempre le manifestará su mayor admiración-, será el máximo exponente de ese neocubismo al que muchos otros recurrirían posteriormente en una suerte de modernidad mal entendida. Vázquez Díaz participa directamente de la modernidad artística, siendo él quien trae a España la experiencia de la vanguardia europea de primera mano. Hay que recordar que Vázquez Díaz se instala en París en un temprano 1906, momento en el que entra en contacto y entabla amistad con figuras como Juan Gris, los Delaunay, Bores o Amadeo Modigliani -de quien realizará un conocido retrato-, y en la capital francesa permanecerá hasta 1918, momento en el que se instala de forma definitiva en España. Tras la Guerra Civil Vázquez Díaz seguirá ejerciendo su magisterio. Durante el franquismo su pintura será muy del agrado del régimen, adquiriendo tintes de oficialidad, un hecho que posteriormente afectará negativamente a la percepción general, así como a un cierto olvido de su obra y su figura durante varias décadas. En cualquier caso, como apunta María Dolores Jiménez Blanco en un estudio sobre su obra “podría tomarse su trayectoria personal como hilo conductor para definir la situación del panorama artístico español, tan contradictorio como la obra de Vázquez Díaz: como ésta, se mueve a medio camino entre la vanguardia y la tradición, entre el cosmopolitismo y el casticismo.”(3)

De manera general, podemos afirmar que la obra de Vázquez Díaz es fácil de categorizar. Como pintor, sus dos temáticas principales son el retrato y el paisaje. Siendo el retrato su pasión, como él mismo ha afirmado, realiza una verdadera galería de personajes de su tiempo. De Unamuno realizará tres retratos (el último, inacabado, en 1936), Baroja, Galdós, Benavente, Picasso, Solana, Rubén Darío, Gerardo Diego, Max Jacob, Alcalá Zamora, Federico García Lorca, María Guerrero, Marañón, Manuel de Falla, Blasco Ibáñez, Antonio Machado, Alfonso XIII, Ramón y Cajal, Juan Ramón Jiménez, Eugenio d’Ors, Ortega, y un largo etcétera. Retratos siempre realizados con el modelo presente, esto es importante tenerlo en cuenta. Solo de nombres españoles constata el propio autor a más de trescientos retratados. La importancia de la retratística de Vázquez Díaz ha sido ya ampliamente estudiada, destacándose su intención por realizar una imagen de conjunto de todas aquellas figuras ilustres de su tiempo.

Uno de esos personajes retratados será Salvador de Madariaga -quien por cierto también compartirá cierta fascinación por retratar -desde la escritura- a sus contemporáneos, en obras como “Españoles de mi tiempo” (1974). De Madariaga realizará Vázquez Díaz un excelente dibujo en 1926, y diez años después realizará el retrato al óleo del diplomático que actualmente forma parte de la Colección de Arte ABANCA. Como veremos, la fecha de realización de este cuadro es clave para poder realizar una verdadera aproximación a la obra que hoy presentamos.

El retrato de Salvador de Madariaga tiene algo de trágico y amargo. Contrasta la severidad de la figura del diplomático, con las manos fuertemente aferradas y la boca cerrada, con el dibujo ya mencionado, mucho más claro y alegre en la expresión. El momento histórico y el conflicto bélico que estaba a punto de estallar se manifiesta en el sentimiento de este cuadro.

Este óleo figura catalogado, en el ya citado libro de Angel Benito, de la siguiente forma: 2.977. Salvador de Madariaga. 1,03 x 0,81 (Madrid, 1936). Exposición en Galería Quixote (núm. 81), Madrid, 1963. Colección Riviere, Barcelona. Esta referencia es sin duda importante. La exposición realizada en la galería Quixote, del año 1963, fue la mayor muestra antológica realizada en vida del autor a modo de gran homenaje. Esta obra nos ofrece una duda, el saber si se trata de una obra finalizada o si, por el contrario, es un lienzo inacabado, como lo sugiere el hecho de que las gafas del retratado den esa sensación de no estar completamente resueltas, tan solo esbozadas, a falta de completar la transparencia y la mirada. Existe un retrato de Vicente Aleixandre, del año 1958, donde esa zona de los ojos del retratado se ve también neutra y solo marcada la base a la espera de ser completada. Pero en ese caso, la obra figura claramente con la leyenda “inacabada”. A favor de considerar la obra como completa podemos decir que en la catalogación de Angel Benito no se hace referencia al hecho de estar inacabada (cómo si se hace con otras muchas obras del catálogo), así como el hecho de que la obra fuese expuesta en la exposición citada de 1963. Parece razonable pensar que, estando activo el pintor, no expondría en ese momento una obra que no considerase completa o finalizada. En cualquier caso, esto último habría que contrastarlo con la revisión completa de las 150 obras expuestas en ese momento.

La fecha de realización de este cuadro tiene suma importancia. Es el año 1936. A Vázquez Díaz, la guerra le coge en Madrid, en concreto en su estudio de la calle María de Molina del Barrio de Salamanca -un retrato de la vida de ese barrio durante los tres años que durará la guerra puede leerse en el segundo volumen de las memorias de Camilo José Cela “Memorias: entendimientos y voluntades” (1993)-. En ese barrio tenía su estudio, y allí acudían los diferente retratados para ser inmortalizados. Vázquez Díaz permaneció en Madrid durante la guerra, y durante ese tiempo guardó y cuidó celosamente sus cuadros en el estudio para protegerlos de cualquier amenaza o destrucción (Vázquez Díaz no aceptó viajar a Valencia con su obra siguiendo las indicaciones del Gobierno como si hicieron otros artistas comprometidos con la República en ese momento). Es probable que este retrato fuese uno de los cuadros que el pintor guardó en su estudio, para exponerlo por primera vez en la muestra antológica de 1963.

Por otra parte, en julio de 1936, Salvador de Madariaga se encuentra en Toledo intentando llegar a Madrid, de donde saldrá precipitadamente de España para Londres. Este salida repentina podría ser un punto a favor para considerar la obra como un retrato inacabado. Vázquez Díaz pintaba del natural, con sus modelos presentes en el estudio, viéndolos y sintiéndolos formal y espiritualmente. Se aprecia así una cierta urgencia en la realización de la obra. La situación social y política era obviamente tensa durante los meses precedentes y no debía de ser fácil para Madariaga asistir al estudio normalmente. Si uno acude a las memorias de Salvador de Madariaga (4) basta con revisar sus cartas para ver su constante ir y venir en ese momento: el 26 de febrero escribe desde Nueva York, el 1 de abril desde Berna, el 4 de abril desde Roma, el 11 y 19 de abril desde Ginebra, París el 7 de mayo, Praga el 5 de junio, 15 de junio en Viena, 10 y 12 de mayo de nuevo en Ginebra… ¿en qué momento exacto pintó Vázquez Díaz el retrato? No sé si eso lo podremos conocer exactamente. Casi podemos pensar que es un milagro que exista este cuadro. El hecho de que tanto el pintor como el modelo tuviesen fuerzas e interés por realizar la obra, en unos tiempos tan convulsos, nos da una pista del valor y aprecio que se debían profesar.

Inacabado o no, este retrato de Salvador de Madariaga es un ejemplo perfecto de ese carácter dual que la obra de Vázquez Díaz supone entre la tradición y modernidad en el arte español. El carácter de obra esbozada del cuadro es muy del gusto de la modernidad, y nos hace pensar en aquellas palabras de Walter Benjamin en su célebre libro Calle de sentido único (1928) “Las obras acabadas tienen para los grandes menos peso que aquellos fragmentos por cuyo hilo el trabajo discurre duramente toda su vida. Concluir una obra sólo colma de una alegría incomparable al débil, al distraído, que por ello se siente devuelto a la vida.”(5)

Diego Cascón Castro

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[1] CANOGAR, Rafael (2004). << Memoria de Vázquez Díaz>>. En VV.AA. Daniel Vázquez Díaz (págs. 121-124). Madrid. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

[2] BENITO, Angel (1971). Vázquez Díaz. Vida y pintura. Madrid. Dirección General de Bellas Artes, Ministerio de Educación y Ciencia. Publicación del Patronato Nacional de Museos.

[3] JIMÉNEZ-BLANCO, María Dolores (2000). <<Retrato de Daniel Vázquez Díaz>>. En Daniel Vázquez Díaz. Mis contemporáneos. Madrid. Fundación Cultural Mapfre Vida.

[4] MADARIAGA, Salvador de (1974). Memorias (1921 – 1936). Amanecer sin mediodía. Madrid. Espasa-Caalpe.

[5] BENJAMIN, Walter. (2020). Calle de sentido único. Cáceres. Periférica.